Una segunda oportunidad


#1
Frente al espejo, Do-hyeon se acomodó el cuello de la camisa, se puso la corbata y ajustó el nudo con cuidado. El traje impecable todavía se sentía extraño. Se giró de un lado al otro, observando su reflejo; luego abrió gran de la boca, como si intentara liberar la tensión que se acumulaba en su interior.

Hoy fue el día de su entrevista de trabajo. Desde que se graduó de la universidad, Do-hyeon había postulado a numerosas empresas, solo para enfrentar el rechazo una y otra vez. Hace poco presentó su currículum a una compañía de dispositivos médicos con excelente reputación en la industria y un entorno de trabajo que despertaba su interés. Deseando esta oportunidad más que nunca, se alegró mucho al saber que había pasado la selección preliminar.

Al salir de casa, Do-hyeon abrió su cuaderno. Volvió a leer las preguntas de la entrevista que había practicado hasta que las memorizó, junto con sus notas sobre las tendencias de la industria. Luego, cuando la brillante luz del sol cayó sobre él, levantó la cabeza. El cielo era de un azul claro y una suave brisa le rozaba la frente. Do-hyeon sacó su teléfono e hizo una llamada.

—Abuela, ahora me estoy dirigiendo a la entrevista de trabajo.

—Hijo, has trabajado muy duro para llegar hasta ahí.

—Cuando me acepten y cobre mi primer sueldo, le compraré esos pasteles de arroz que tanto le gustan.

—Eso suena maravilloso. No te preocupes, solo ve y haz lo mejor que puedas. Tu abuela te apoya.

Do-hyeon finalizó la llamada. Escuchar las palabras de aliento de su abuela pareció tranquilizarlo y llenarlo de nuevas fuerzas.

Justo cuando salía del callejón estrecho a la carretera principal, un olor fuerte y acre golpeó su nariz. Más adelante, varias personas permanecían estupefactas frente a una casa envuelta en llamas, moviéndose ansiosamente de un lado al otro. Instintivamente, Do-hyeon corrió hacia ellos. En ese momento, una mujer salió de la casa en llamas, descalza y con un niño pequeño en brazos.

—¡Ayuda, por favor! ¡Mi suegra todavía está dentro!

La mujer gritó desesperada, pero los transeúntes solo pudieron mirarla con impotencia; ninguno se atrevió a dar un paso adelante. Do-hyeon miró su reloj y pareció dudar por un instante. Rápidamente, dejó su maletín en el suelo y le preguntó a la mujer:

—¿Dónde está?

—En la habitación frente a la entrada principal.

Do-hyeon se cubrió la nariz y la boca con un pañuelo. Sin dudarlo un instante más, entró corriendo en la casa.


#2
—Ni siquiera sé cómo empezar a agradecerle. Estoy muy agradecida.

La mujer se inclinó repetidas veces hacia Do-hyeon, que estaba acostado en la cama del hospital.

—Realmente no es nada —respondió gentilmente—. ¿Está bien su suegra?

—Sí, gracias a usted. La doctora dijo que habría sido peligroso si hubiera inhalado tan solo un poco más del humo tóxico.

—Debe de haber sido aterrador. Me alivia saber que está a salvo.

—Nunca podré compensar lo que ha hecho por mí, pero al menos me gustaría ofrecerle algo. ¿Podría darme su número de teléfono?

—Oh, no, por favor —dijo—. Solo hice lo que cualquiera hubiera hecho.

Mientras ella extendía su teléfono, Do-hyeon levantó la mano ligeramente para detenerla. En ese momento se acercó un médico y la mujer se puso a un lado.

—¿Cómo se siente ahora? ¿Ha mejorado la tos?

—Sí. Está mucho mejor.

—Me alegra escucharlo. Inhalar humo caliente durante un incendio puede causar quemaduras en las vías respiratorias. Afortunadamente, la radiografía de tórax no muestra anormalidades. Como su tos casi ha parado, puede irse. Pero si nota alguna molestia en su garganta o pulmones, regrese al hospital inmediatamente.

Cerrando el expediente, el médico le hizo una señal de aprobación con el pulgar mientras Do-hyeon se levantaba.


—Escuché que usted rescató a la anciana de la casa en llamas. Esa no fue una hazaña pequeña.

—Oh, no —contestó Do-heyon, agitando la mano—. Solo hice lo que cualquiera hubiera hecho.

Miró el reloj en la pared de la sala de emergencias. La hora de su entrevista ya había pasado. Mientras se quitaba las cenizas de la ropa, el médico le hizo una pregunta:

—¿Se dirige al trabajo? Sería bueno que se relaje y descanse en casa hoy.

Con una sonrisa incómoda, Do-hyeon se rascó la cabeza.

—En realidad, estaba yendo a una entrevista de trabajo.

—¡Oh, cielos! —exclamó el médico—. Entonces es una pérdida para la empresa privarse de alguien como usted. ¿Qué compañía era?

—∆∆ Medical.

—¿En serio? Utilizamos muchos de sus productos en nuestro hospital. Es una pena que haya perdido la oportunidad.

—Mientras la anciana esté a salvo, es suficiente para mí.

Do-hyeon pensó en la voz de su abuela, la forma en que ella había prometido apoyarlo. Él sabía que si ella escuchaba lo que había sucedido hoy, le diría que lo había hecho bien.



#3
Do-hyeon miró la pantalla de su ordenador portátil. Después de revisar las ofertas de empleo en un sitio web de reclutamiento, se frotó el cuello rígido y se estiró. Justo en ese momento, sonó su teléfono.

—¿Hola?

—Sí, hola. Habla el departamento de recursos humanos de ∆∆ Medical. ¿Es el Sr. Lee Do-hyeon?

Do-hyeon se enderezó instintivamente.

—¿Podría asistir a una entrevista hoy?

—¿Disculpe? Sí, sí puedo.

Sobresaltado por la inesperada llamada, Do-hyeon se alistó rápidamente y salió corriendo de la casa.

—Sr. Lee, pase.

Tras respirar profundamente, Do-hyeon entró en la sala de entrevistas, donde lo esperaban tres entrevistadores. El que estaba sentado al medio, que tenía una expresión tranquila y accesible, inició la conversación.

—Sr. Lee, es un gusto conocerlo. No pudo asistir a su entrevista anterior. ¿Podemos preguntarle qué pasó?

Con un nudo en la garganta, Do-hyeon comenzó a hablar.

—Camino a la entrevista, presencié el incendio de una casa. Me dijeron que aún había una anciana dentro; entré a ayudarla y ese fue el motivo de mi demora.

—Entiendo —dijo pensativamente el entrevistador—. Correr hacia un edificio en llamas no es una decisión fácil. ¿Qué lo motivó a hacerlo?

Una entrevistadora de pelo corto se ajustó las gafas y lo miró atentamente.

—No tuve tiempo para pensar —respondió Do-hyeon—. Pero en ese momento, me acordé de mi abuela. Ella me crio de pequeño.

—Debe haberse dado cuenta de que ayudarla probablemente significaría perder la entrevista —dijo otro entrevistador.

—Sí —respondió Do-hyeon con calma—. Desde luego, la entrevista era importante; mi futuro dependía de ella. Pero no podía ignorar a alguien que estaba en peligro de muerte.

La entrevista continuó con varias preguntas más, y Do-hyeon respondió cada una con sinceridad. Finalmente, el entrevistador sentado en el centro dejó el bolígrafo e intercambió una mirada con los otros dos. Cuando ambos asintieron con la cabeza, volvió a hablar con expresión amable.

—En realidad, tengo un conocido cercano, un médico, en el hospital donde lo trataron. Se puso en contacto conmigo ese día.

Do-hyeon abrió los ojos con asombro.

—Después de escuchar sobre usted, convocamos al comité de contratación—continuó el entrevistador—. Ayudar a alguien en peligro nunca es una elección fácil. Es aún más difícil cuando implica un riesgo personal y requiere dejar de lado algo importante para usted. Sentimos que la forma en que prioriza la seguridad de otra persona se alinea estrechamente con los valores de nuestra empresa. Es por eso que decidimos darle esta oportunidad de entrevista.

Cuando terminó la entrevista, Do-hyeon salió por la puerta principal de la compañía, con paso ligero.

Cuando haces el bien, el bien vuelve a ti.

Sonrió suavemente al recordar aquellas palabras de su abuela que tanto conocía. Pensando que debía visitar al médico para agradecerle en persona, siguió caminando; de pronto, se detuvo y se dio la vuelta.

El edificio de la compañía se mantenía firme detrás de él, sus amplias ventanas de cristal reflejaban el cielo y las nubes a la deriva, brillando a la luz del sol. Habiendo recibido una segunda oportunidad, Do-hyeon se prometió a sí mismo que si lo contrataban, trabajaría con sinceridad y dedicación. Envuelto por la cálida luz, su rostro brillaba con una tranquila esperanza.
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