Operación: Traer al menor a casa


#1

—Cariño, el menor todavía no se mueve.

—Démosle más tiempo. Dicen que el personaje principal siempre llega al fi nal, ¡y parece que el menor está realmente a la altura de ese papel! Ja, ja.

El mes pasado, una pareja de patos puso seis huevos. Hoy marcó casi un mes completo desde que la madre pato comenzó a criarlos sin salir de su nido. Cinco ya habían eclosionado, y ahora solo quedaba un huevo. La pareja había dado un nombre a cada patito: el primero era Uriel; el segundo, Donatello; el tercero, Tizón; el cuarto, Cali, y el quinto, Cosme. El sexto, a punto de nacer, sería Silvestre. Como padres primerizos, se preguntaban cómo cuidar a sus pequeños. Después de hablarlo, idearon un plan: el padre saldría en busca de comida, y la madre recogería paja blanda para arreglar el nido.

—Volveremos pronto. No pierdan de vista a su hermano menor, ¿de acuerdo?

—De acuerdo, papá y mamá.

Mientras la pareja de patos se ausentaba brevemente, una gallina que iba de paseo vio a los patitos.

—Vaya, qué adorables. A ver... al parecer, uno aún no ha salido.

Justo entonces, el huevo inmóvil empezó a temblar. Surgió una

pequeña grieta y lentamente se fue ensanchando hasta partir la cáscara en dos. Por fi n, el patito menor se liberó y llegó al mundo.

—Cuac, cuac.

Los ojos del recién nacido se encontraron con los de la gallina, y después de estirar sus diminutas alas, el patito menor empezó a caminar tras la gallina, a punto de marcharse.

—Eh, ¿adónde vas?

—Ella no es nuestra mamá.

—Nuestra madre es otra.

A pesar del intento de sus hermanos mayores por detenerlo, el más joven se quedó con la mirada perdida y caminó detrás de la gallina.


#2
La pareja de patos, ahora repentinamente separada de su pequeño, estaba preocupada. Silvestre estaba convencido de que la gallina era su verdadera madre.

—¿No hay manera de traerlo de vuelta?

—Se aferra a ella obstinadamente. No podemos arrastrarlo.

—Y la gallina dice que él se interpone en el camino de sus polluelos. Nos insta a llevarlo de regreso. Necesitamos una solución, y rápido.

Al oír la agitada conversación de sus padres, el patito mayor, Uriel, reunió en silencio a sus hermanos menores.

—Papá y mamá están teniendo dificultades debido a Silvestre. No podemos quedarnos de brazos cruzados. Nosotros también tenemos parte de culpa por no vigilarlo mejor.

—Es cierto, no estarán tranquilos hasta que regrese Silvestre.

—Entonces ideemos un buen plan para traerlo a casa.

Donatello, Tizón, Cali y Cosme asintieron a las palabras de Uriel, y se sumieron en sus pensamientos. Al cabo de un momento, Cosme rompió el silencio.

—¡Tengo una idea!

—¿Cuál es?

—Le pedimos a Silvestre jugar al escondite con los ojos vendados. Si él es el jugador que busca, podemos hacer ruidos para guiarlo de regreso a casa.

—¿Pero qué pasa si el juego termina y vuelve corriendo al gallinero?

—Lo más importante es ayudarlo a darse cuenta de que somos su verdadera familia.

Cali y Tizón intervinieron uno tras otro. Los cinco volvieron a quedarse en silencio, sumidos en sus pensamientos.

—Bien, ¿qué tal esto?

Tras una larga pausa, Donatello tomó la palabra y los demás se inclinaron para escuchar. Continuó, con voz tranquila pero seria.

—Invitamos a los pollitos a ver los pececillos en el arroyo. Silvestre nos acompañará, ¿verdad? Mientras estamos en el puente de piedra,uno de nosotros se queda cerca de Silvestre y fi nge resbalarse, cayendo al agua con él. Entonces saltamos todos para rescatarlo. Los pollitos no nos seguirán, porque odian mojarse. Ellos solo mirarán desde el borde. Entonces Silvestre verá quién realmente se preocupa por él... que somos su verdadera familia.

—¡Oh, es una gran idea!

Cuando Uriel estuvo de acuerdo, el resto le siguió rápidamente. Cosme, siempre ansioso, levantó una alita y declaró:

—¡Entonces seré yo quien caiga con Silvestre!

—Solo ten cuidado de que no se lastimen.

—No te preocupes. ¡Puedes contar conmigo!


#3

—¡Bien, comienza la Operación Rescate!

Al día siguiente, los cinco hermanos patos marcharon hacia el gallinero, llenos de determinación. Desde lejos, vieron a Silvestre jugando con los pollitos en el patio. Cuando los pollitos notaron que los hermanos patos se acercaban, salieron corriendo a saludarlos. Uriel tomó la palabra:

—Chicos, ¿quieren venir con nosotros a ver los pececillos en el arroyo?

—¿Pececillos? ¡Claro!

Cosme se colocó naturalmente al lado de Silvestre. Al ser el hermano más cercano en edad, Cosme sentía un vínculo especial y estaba decidido a traerlo a casa. Pero entonces, ocurrió algo inesperado. Uno de los pollitos empezó a jadear y a patalear con miedo. Detrás de un árbol, había aparecido un gato montés; se le veía la mitad de la cara y un ojo feroz reluciente. Los pollitos gritaron y salieron corriendo hacia el gallinero. Silvestre se quedó paralizado, temblando. Cosme dijo con urgencia, inclinándose hacia él:

—No te preocupes. No te abandonaremos.

Pero Cosme también tenía miedo. Cali se volvió hacia Uriel.

—Hermano, ¿qué hacemos?

—¡Debimos haber tenido un plan B para una situación como esta! La operación puede haber fracasado, pero todavía debemos proteger a Silvestre.

—¡Todos, rodéenlo!

A la orden de Donatello, los patitos cerraron fi las alrededor de Silvestre. Extendieron sus alas, hincharon sus cuerpos y miraron ferozmente al gato montés. El depredador avanzó sigilosamente, burlándose de ellos con pasos lentos y decididos. Los hermanos patos se mantuvieron muy juntos, asegurándose de no romper su formación defensiva. Pero justo cuando estaba a punto de abalanzarse, un chorro de agua salió disparado entre los dos bandos como un muro.

—¡Otra vez ese gato montés!

Era el dueño de la casa donde vivían los pollitos. Había salido al oír los gritos de pánico de los pollitos; al ver al gato montés, lanzó un fuerte chorro de agua con una manguera. Empapado y asustado,el felino desapareció en un abrir y cerrar de ojos. Los hermanos patos exhalaron aliviados. Todavía acurrucado entre sus hermanos, Silvestre perdió el equilibrio, cayó al suelo y rompió en llanto. Cali lo consoló con dulzura:

—Tu nombre es Silvestre, y nosotros somos tu verdadera familia.

—¿Ves? Hasta te pareces a nosotros.

—Así que vamos, vamos a casa, ¿de acuerdo?

Tizón y Cosme lo ayudaron a incorporarse. Silvestre observó a sus hermanos y luego se miró a sí mismo. Dudó, pero luego, como si por fi n se le hubiera ocurrido algo, siguió en silencio sus indicaciones.

—¿Sabes cuánto tiempo te han estado esperando papá y mamá?

—Van a estar muy felices de verte.

—Nosotros también estamos muy contentos por tu regreso.

—Hay comida deliciosa y un nido cálido y acogedor esperándote.

—No nos separemos nunca más.

Uriel, Donatello, Tizón, Cali y Cosme hablaron uno tras otro. Aunque su plan original no había salido como esperaban, los cinco hermanos lograron traer a su hermano menor a casa. Y mientras Silvestre caminaba paso a paso hacia los brazos de su verdadera familia, su corazón estaba lleno de alegría, y sus pequeños pasos relucían de esperanza.
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