Desde una edad temprana, tomaste el lugar de nuestra madre ocupada y nos cuidaste. Eras solo una niña, pero soportaste nuestros caprichos y quejas con mucha paciencia, y poreso, estoy profundamente agradecida. Todavía recuerdo cuando esperé junto a los oscuros zapateros en el jardín infantil, mucho después de que mis amigos se hubieran ido a casa con sus padres. Nunca olvidaré el momento en que viniste por mí. Ahora que he alcanzado la edad que tenías entonces, veo con más claridad, más que nunca, lo increíble que eras, tan madura y responsable. Siempre has sido más que una hermana para mí: mi segunda madre, mi modelo a seguir. Las quiero a ambas con todo mi corazón.