Cuando estábamos juntas, parecía que el tiempo se detenía, como si siempre fuéramos las mismas niñas para siempre. Pero ahora, viéndote desde lejos a través de fotos, a menudo me sorprende lo mucho que has crecido y madurado. Cuando eras pequeña, dulce y gordita, te llamábamos Nonita. Ahora te has convertido en una mujer joven y vives tu propia vida. Lamento que cuando pasabas por momentos difíciles, no siempre te haya escuchado tan atentamente como debía. Dejé que mis propias ocupaciones se interpusieran en mi camino. Nonita, te amo mucho. Dondequiera que estés, siempre te apoyaré y te animaré.