Cuando me dijiste por primera vez que estudiarías por tu cuenta, lejos de casa y en la universidad, sentí una gran preocupación por tu bienestar tanto físico como espiritual. Pero ver tu foto —tan feliz con los regalos que recibiste y ver cómo equilibras tus estudios con tu vida espiritual— me da muchísima alegría. Te amo muchísimo, hijo mío.