La oposición del pulgar


“A falta de otra prueba, el dedo pulgar por sí solo me convencería de la existencia de Dios”.
—Isaac Newton

La mano humana contiene cincuenta y cuatro huesos, aproxi-madamente un cuarto de todos los huesos del cuerpo. A veces describimos algo pequeño como “del tamaño de una palma”, pero dentro de ese pequeño espacio se encuentra una asombrosa concentración de huesos y articulaciones. Esta estructura intrincada da a la mano una fl exibilidad notable, lo que nos permite realizar una extraordinaria gama de movimientos precisos y delicados.

En el centro de este diseño está el pulgar. Más corto y más grueso que los otros dedos, se distingue tanto en forma como en función. Mientras que los cuatro dedos se doblan en la misma dirección, el pulgar se mueve desde una posición diferente y en un ángulo distinto. Cada uno de los cuatro dedos contiene tres huesos, pero el pulgar tiene solo dos y, gracias a su articulación única con el primer metacarpo, puede alcanzar a tocar las yemas de los dedos. Este movimiento, conocido como oposición, nos permite agarrar objetos con fi rmeza o tomar los objetos más delicados, como un mechón de cabello. Es este mismo movimiento el que permite a los humanos utilizar herramientas y llevar a cabo innumerables tareas.

Primates como los chimpancés y los monos también tienen cinco dedos, pero ninguno puede lograr la oposición completa única de los humanos. El simple hecho de que nuestros pulgares puedan tocar las puntas de nuestros dedos es una maravilla que sigue inspirando incluso a los científi cos hoy en día.

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