Para que pudiera valerse por sí mismo


Un hombre perdió la vista en un accidente inesperado. Desde ese día, su madre se convirtió en sus ojos. Cada mañana se levantaba temprano para llevarlo al trabajo, y cada noche se reunía con él para llevarlo a casa. Adonde él iba, ella estaba a su lado.

Un día, su madre le dijo que había conseguido un empleo y que ya no podía acompañarlo. La noticia lo impactó profundamente. Se sintió herido, y hasta traicionado.

—¿Cómo espera que yo, ahora ciego, me las arregle solo? —pensó.

Sin embargo, desde la mañana siguiente, subió solo al autobús para ir y volver del trabajo. A veces tropezaba; a veces, la tristeza lo oprimía. Aun así, día tras día, lo soportó y siguió adelante.

Aproximadamente un año después de comenzar esta nueva rutina, el guardia de seguridad de la compañía, que lo había observado silenciosamente cada mañana, dijo:

—Eres un hombre afortunado. Todos los días tu madre te sigue y esperahasta que estés a salvo dentro.

El hombre, que pensaba que estaba completamente solo, se dio cuenta de que su madre había estado allí todo el tiempo, y lloró.
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