Incluso cuando los planes salen mal

En 1956, el gobierno de Nueva Gales del Sur, Australia, anunció un concurso internacional para diseñar un gran centro de artes escénicas. Entre las 233 propuestas presentadas, la ganadora fue la de un arquitecto danés, famoso por su diseño de tejados atrevidos y visionarios.

La construcción comenzó en 1959, y su finalización estaba prevista para 1963. Sin embargo, una vez iniciadas las obras, rápidamente se hizo evidente que el diseño original era estructuralmente imposible de realizar. Los constructores, en estrecha colaboración con el arquitecto, revisaron los planos una y otra vez en busca de soluciones. Cada revisión prolongó el calendario y aumentó el costo, suscitando un intenso debate público sobre si debía continuar un proyecto tan poco realista.

Después de muchos altibajos, el edificio finalmente se inauguró en octubre de 1973 como la Ópera de Sídney. Tras más de diez rondas de rediseño, la construcción se prolongó diez años más de lo previsto, y el costo se multiplicó por más de diez con respecto al presupuesto inicial. El plan se había desviado mucho de su curso, pero el resultado superó con creces todas las expectativas. La Ópera de Sídney se convirtió no solo en el monumento más reconocible de Australia, sino también en un lugar declarado Patrimonio Mundial de la Unesco, admirado en todo el mundo.

Los planes perfectos no existen. Solo aceptando los retos y avanzando a través de la incertidumbre, nuestros esfuerzos, por defectuosos que sean, pueden madurar hasta convertirse en algo duradero.
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