Los tres espejos


El emperador Taizong de la dinastía Tang es recordado como el gobernante responsable de llevar a China a su edad de oro.

Entre sus ministros se encontraba Wei Zheng, un hombre de carácter recto e integridad incorruptible. Sin miedo en el discurso, nunca dudó en decir la verdad, ya fuera en consejo o en reprensión, guiando al emperador a gobernar con equilibrio y justicia. Sin embargo, para el emperador Taizong, Wei Zheng solía ser una espina clavada. Una y otra vez, sus severas advertencias frenaban la voluntad del emperador, insistiendo en los principios y la razón. La molestia de Taizong a menudo se convertía en ira, y en ocasiones incluso pensaba en ejecutar a Wei Zheng. En aquellos días, reprender a un emperador que ostentaba el poder absoluto era casi lo mismo que arriesgar la vida. No obstante, Wei Zheng se mantuvo firme, recordando continuamente a su soberano la importancia de la moderación y el bien común. Aunque a menudo se sentía exasperado, Taizong lo mantuvo a su lado hasta el final.

Cuando Wei Zheng finalmente murió por una enfermedad, el emperador Taizong se entristeció profundamente y dijo:

“Con el bronce como espejo, uno puede corregir su apariencia; con el pasado como espejo, uno puede comprender el auge y la caída de las naciones; con las personas como espejo, uno puede discernir lo correcto y lo incorrecto. Ahora que Wei Zheng se ha ido, he perdido uno de mis espejos”.
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