
Un adulto tiene 206 huesos, pero un recién nacido tiene entre 270 y 300. ¿Cómo puede un cuerpo tan pequeño como para caber en los brazos de un adulto contener más huesos que una persona adulta?
Cuando una bebé nace, debe pasar por el canal de parto. La cabeza del bebé, que mide aproximadamente un cuarto de su longitud corporal y más de treinta centímetros de circunferencia, tiene que pasar por este estrecho pasaje. El cráneo de un recién nacido no es un solo hueso sólido; se compone de varias placas de cartílago blandas que pueden desplazarse y superponerse bajo presión. Esta flexibilidad permite que la cabeza cambie temporalmente de forma y pase con seguridad a través del canal de parto.
En los meses y años siguientes, un bebé, que todavía está aprendiendo a controlar su cuerpo, se topará con cosas, caerá innumerables veces mientras aprende a caminar y explorará el mundo con pasos inestables. Sin embargo, sus huesos blandos y flexibles absorben bien los impactos, reduciendo el riesgo de lesiones graves. Esta misma flexibilidad también permite un crecimiento rápido, ya que los huesos aún no se han fusionado en la estructura sólida de la edad adulta.
El cuerpo pequeño y frágil de un bebé está diseñado para protegerse hasta que pueda moverse con paso firme. La vida comienza con un diseño así de elaborado, delicado y precioso, incluso estructurado para protegerlo de innumerables peligros.
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