
Toda criatura viviente respira. Si bien el proceso varía según la especie, todos los seres vivos dependen de la respiración de una forma u otra. Que algo respire o no suele marcar la línea divisoria entre la vida y la muerte. Entonces, ¿por qué es esencial la respiración para la supervivencia?
En los humanos, el oxígeno inhalado por la nariz viaja a los pulmones, donde ingresa en el torrente sanguíneo y es transportado a todas las células del cuerpo. Dentro de cada célula hay mitocondrias: los diminutos “motores” de la vida. Estas utilizan oxígeno, junto con nutrientes, para producir la energía que mantiene el corazón latiendo, el estómago en movimiento y el cerebro funcionando. Sin un suministro constante de oxígeno, las mitocondrias no pueden generar energía y el cuerpo comienza a funcionar mal. La respiración, entonces, es el proceso mediante el cual se toma oxígeno para crear energía, mientras que el dióxido de carbono, el subproducto de ese proceso, se libera nuevamente al aire.
Sin respiración, ningún ser vivo puede sobrevivir más que unos pocos minutos. Desde el momento en que nacemos, independientemente de nuestra voluntad e incluso cuando no somos conscientes de ello, nuestro cuerpo continúa respirando, sosteniendo incesantemente la vida.
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