Ampliando el pensamiento Consideración

Una fiambrera llena de bondad


Había una vez un estudiante universitario que trabajó en una granja durante sus vacaciones para pagar su matrícula. Decidido a ahorrar cada centavo, pasó sus horas de almuerzo en un grifo al aire libre, llenando su estómago solo con agua. Un día se le acercó su compañero, un granjero, y le dijo:

—¿Me harías un favor? ¿Podrías ayudarme con mi almuerzo? Creo que mi esposa intenta engordarme; me ha puesto más comida de la que puedo comer. Me parece mal tirarlo a la basura.

Al principio dudó, pero el joven lo siguió tímidamente y compartió la comida con él. Al día siguiente, el granjero nuevamente le ofreció comida con el mismo motivo. En poco tiempo, se convirtió en una rutina diaria. Gracias a las fiambreras que el hombre traía, el estudiante fue capaz de aliviar su hambre todos los días, libre al fin de la constante preocupación de saltarse una comida.

Cuando empezó el nuevo semestre y llegó el momento de que el estudiante abandonara la granja, fue a buscar al granjero para expresarle su agradecimiento. Pero ese día, el hombre no estaba por ningún lado. Confundido, el estudiante buscó al encargado, le relató lo ocurrido y le rogó que le diera las gracias de su parte. El supervisor frunció el ceño ligeramente y dijo:

—Él no tiene esposa. Ella falleció hace varios años.

Solo entonces el joven comprendió. El granjero había inventado la historia para evitarle la vergüenza y proteger su dignidad.
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