
Un velero surca el agua, avanzando impulsado únicamente por el viento, sin motor, sin remos. Navegar con viento a favor es viajar con facilidad y tranquilidad, dejándose llevar en la dirección deseada. Pero el viento no siempre sopla a nuestro favor. A veces sopla directamente contra nosotros, pareciendo obstaculizar nuestro avance. Aun así, no hay por qué preocuparse. Sin importar la dirección del viento, un velero puede seguir avanzando.
Cuando el viento es favorable, un velero se adapta a la naturaleza. Cuando el viento sopla en contra, el barco aprende a aprovecharlo. Así como un avión se eleva hacia el cielo aprovechando la sustentación generada por las diferencias de presión atmosférica por encima y por debajo de sus alas, un velero con viento en contra ajusta sus velas para generar sustentación a partir de esa diferencia de presión y avanzar. En lugar de enfrentarse al viento de frente, avanza en zigzag, avanzando de forma constante. Con un viento a favor, un velero solo puede navegar a la misma velocidad que el viento, o incluso más lento. Pero con un viento en contra, puede navegar incluso más rápido que el viento. La verdadera fuerza de un velero se revela no en vientos favorables sino en los contrarios.
La vida también trae consigo vientos a favor y vientos en contra. Cuando aprendemos a convertir cualquier viento en una fuente de impulso, no necesitamos quedarnos quietos ni dar marcha atrás. A veces navegamos sin contratiempos; otras veces, avanzamos con energías renovadas. De cualquier manera, continuamos nuestro viaje, siempre avanzando.
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