
A fi nes de la década de 1990, una empresa estadounidense de diseño de productos recibió el encargo de un fabricante de cepillos de dientes para crear un cepillo infantil que redujera la resistencia de los niños a cepillarse los dientes.
Antes de comenzar el proceso de diseño, el equipo visitó varios hogares para observar de cerca a los niños mientras se cepillaban. Pronto notaron un patrón común: a muchos niños les costaba sujetar el cepillo de dientes.
En ese momento, la mayoría de los cepillos de dientes para niños eran simplemente versiones en miniatura de los de adultos, reducidos en tamaño pero sin cambios. Los diseñadores se dieron cuenta de que estos mangos delgados no eran adecuados para los niños, cuyas habilidades motoras aún estaban en desarrollo y cuya fuerza de agarre era limitada. Teniendo esto en cuenta, rediseñaron el mango para hacerlo más grueso y le añadieron agarres texturizados para evitar que se resbalara. El resultado fue un cepillo de dientes que se adaptaba de forma cómoda y segura a la mano de un niño. El nuevo diseño fue recibido con una aprobación entusiasta y rápidamente se convirtió en un producto popular.
Cuando nos ponemos al nivel de los demás y observamos con atención, empezamos a ver las cosas de otra manera. Y esta perspectiva no solo es valiosa para diseñar nuevos productos, sino que es esencial para comprendernos y relacionarnos entre nosotros.
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