
La fragancia de las flores
permanece en la mano
que las entrega.

Un saludo cordial
deja una sonrisa en el rostro
de quien lo brinda.

Un acto de bondad silencioso
deja alegría en el corazón
de quien lo realiza.

Del mismo modo,
compartir lo que tiene con los demás
es lo que realmente lo enriquece.
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