
Quería regalarle algo muy especial a mi suegra por su cumpleaños. Después de buscar un poco, encontré una pastelería que podía inscribir mensajes personalizados en los pasteles. En su cumpleaños, le presenté un pastel que decía: Para nuestra madre, más bella que las flores: Feliz cumpleaños. Ella sonrió y se rio. —Supongo que tendré que trabajar duro para merecerlo —dijo. Su corazón humilde y lleno de gracia era más hermoso que cualquier flor.