
Mi hijo mencionó que tenía antojos de kimbap triangular, así que decidí intentar hacerlo por primera vez. Juntos, llenamos el molde triangular con arroz y rellenos, les dimos forma, envolvimos el arroz en algas y sellamos cada uno con una pegatina. Compartir este proceso con mi hijo, lleno de risas y conversación, realmente me llenó de alegría. Me hizo darme cuenta de la verdad en el dicho de que un hogar feliz es un destello del cielo en la tierra.