Al llegar a nuestro tercer año de matrimonio, sé que hubo momentos en que surgieron malentendidos a medida que aprendíamos el uno del otro. Lamento mucho los momentos en los que actué con egoísmo o no pude entender tu corazón. Gracias por tu constante amabilidad y el amor que me muestras todos los días. Estoy muy feliz de que seas mi esposo. Haré todo lo posible por llenar nuestro hogar de gratitud y amor, siguiendo el ejemplo del amor de Dios Elohim. Quiero que sepas que te amo no solo con el corazón, sino también con el alma. ¡Sigamos compartiendo juntos las bendiciones del cielo!